Escapada a la Bretaña by Alfonso Cardeña

Hola Ruteros!

Aquí traemos la escapada de nuestro amigo Alfonso, una excepcional persona que tuvimos el placer de conocer en Windsor. Todo un amante de los pateos, de las carreras de larga distancia y como no, los viajes.

Espero que os guste su apasionante ruta desde Huesca hasta la Bretaña francesa. Y si queréis saber más de sus aventuras aquí os dejo su blog con artículos impresionantes.

No os lo perdáis!!

 Escapada a la Bretaña

Aunque ahora se hayan cambiado las tornas, en mis tiempos de estudiante universitario, mi francés era mucho más fluido que mi inglés. Por eso, cuando decidí optar por una beca Erasmus, mi destino fue Francia, concretamente, Quimper, pequeña ciudad de la Bretaña. Sólo estuve un trimestre, pero fue una experiencia muy positiva.

Unos años después me planteé el reto de volver, pero no en avión, sino en mi coche desde Huesca.
Pude conseguir la compañía de un amigo, y un día de primeros de agosto, partimos a lomos de mi entrañable y ya difunto Citroën Ax rumbo a la Bretaña francesa.

Burdeos

Burdeos


El primer día atravesamos el Pirineo y recorrimos las Landas (con parada incluida en Mont-de-Marsan, como homenaje al mítico ciclista Luis Ocaña ) para llegar a nuestro primer destino, que no era otro que Burdeos, ciudad majestuosa y llena de vida. A gusto nos hubiéramos quedado más días, pero quedaban muchos kilómetros por recorrer, y a la mañana siguiente seguimos rumbo norte camino de Nantes. Aunque antes hicimos una parada turística en la localidad costera de La Rochelle, que, a pesar de su dilatada historia y su carácter monumental no nos inspiró mucho. Tampoco acabó de hacerlo Nantes, donde pernoctamos, y de la que esperábamos algo parecido a Burdeos, pero no resistió la comparación con la capital girondina.

Auray

Auray


En nuestro tercer día de travesía, seguimos la línea de costa, y decidimos parar en la ciudad de Auray, ya en la Bretaña. No sabíamos nada de ella, pero resultó ser una gratísima sorpresa. Se trata de una encantadora villa atravesada por un bonito canal, con casas de arquitectura típica bretona, y donde pudimos probar las primeras crêpes del viaje. Hicimos parada también en Concarneau, lugar que ya conocía, y que presenta como centro histórico una zona amurallada ,que forma una península unida a tierra firme por un tramo de carretera. Una pequeña joya.

Quimper

Quimper


Y ya avanzada la tarde llegamos al punto culminante del viaje. Volvía a Quimper, la coqueta ciudad que me acogió durante tres meses de mi vida. No puede por menos que visitar la universidad , pero estaba cerrada a cal y canto. Recorrí mis lugares favoritos de la ciudad, no sin cierta nostalgia. Aunque mi Erasmus no fuera la fiesta loca que se le supone a esta experiencia,(Quimper no es Ibiza), tuvo grandes momentos.
Ya que estábamos por allí, aprovechamos que teníamos coche para visitar lugares a los que no había podido desplazarme en su momento. Así, la mañana siguiente nos dirigimos a la península de Crozon, una auténtica delicia, por sus hermosas costas recortadas con numerosos acantilados y pueblos con arquitectura tradicional.

Peninsula de Crozon

Peninsula de Crozon


Hasta allí el viaje había ido como la seda. Pero no todo iba a ser tan fácil. Esa noche no habíamos reservado hotel, esperando encontrar alguna plaza en Morlaix, pintoresca villa muy cerca de la costa norte. Sólo pudimos encontrar una habitación libre, pero se ofertaba al astronómico precio de 85 €. Abandonamos la ciudad, ya de noche, rumbo a Guingamp. El viaje fue infernal, debido a la intensa lluvia que se sumaba a la oscuridad y a mi cansancio. Los hoteles de la ciudad estaban completos o cerrados sin nadie que nos pudiera abrir. Así que tiramos de talento natural, salimos del casco urbano por carreteras de cuarta, vi un descampado, planté el saco de dormir y me tumbé en los fríos prados bretones mientras mi amigo dormía en el coche. Apenas pude pegar ojo. Al amanecer descubrí que estábamos junto a una granja, por lo que nos fuimos antes de que viniera algún Pascal enojado.
El quinto día acusé el cansancio, así que no pude apreciar bien la auténtica maravilla que es Saint Malo (con una estructura similar a Concarneau, pero a lo grande).

 Monte de Saint Michel

Calle transitada del Monte de Saint Michel


El remate fue el Monte Saint Michel, una isla a tiempo parcial (según las mareas) junto a una playa sobre la que se asienta un pueblo medieval que acoge una imponente abadía, formando un panorama sobrecogedor. Lástima que, al ser temporada alta, las calles estuvieran atestadas de gente y casi no se pudiera ni andar. No pudimos aguantar mucho tiempo, así que partimos rumbo a Rennes, capital de la Bretaña, no exenta de monumentos y lugares de interés.

Rennes

Rennes


Esa noche pudimos encontrar un hotel Formule 1, humilde franquicia de alojamientos impersonales, pero que a mí esa noche me pareció el Ritz, teniendo en cuenta cómo habíamos pasado la noche anterior.
Ya tocaba tomar dirección sur, cosa que hicimos visitando varias ciudades como Chateaubriend, Cholet o Niort, hasta llegar a Cognac. Otra vez sin reserva, fuimos preguntando y en un hotel,un recepcionista con una ”cordialité” impensable por otros lares llamó al resto de hoteles de la ciudad hasta que dio con una habitación libre. El establecimiento resultó ser una delicia, con mucha personalidad y una decoración majestuosa.
A pesar de su pomposo y sugerente nombre, Cognac no nos pareció gran cosa. Incluso pudimos percibir la presencia de algunas gentes de condición rufianesca por sus calles.
El último día nos dio por complicarnos la vida un poco. En vez de ir directamente al sur, nos dirigimos al oeste para visitar la costera ciudad de Royan, correcta sin más y enfilamos el AX hacia Huesca. Ya en la frontera, como traca final, decidí recorrer, ya de noche, las interminables rampas del puerto de montaña del Portalet, en vez de atravesar el mucho más cómodo túnel de Somport, llegando exhausto y a altas horas de la madrugada a Huesca.


No se había tratado de un viaje cómodo y sufrimos algún que otro imprevisto. ¿Pero no es esa la auténtica esencia de un viaje? Porque tenerlo todo planeado, dejar que un avión te lleve o que un GPS te indique el camino es muy práctico, pero ir conduciendo un minúsculo utilitario mientras un amigo va consultando un mapa de carreteras, pudiendo improvisar la ruta y parar donde a uno le apetezca es una experiencia que llena mucho más.

Alfonso Cardeña

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