Y yo no quería volver

Salar de Uyuni

Hace tiempo que llevo queriendo escribir este artículo. Quizás todavía no me sentía preparada o quizás no había encontrado las palabras exactas para expresar como me sentía.

Ahora, sentada junto al mar, recuerdo aquel día en aquel café frente al mar, en Ko Chang, Tailandia. Acabábamos de ver una oferta de un vuelo de regreso a casa, y sin estar preparada acepté la propuesta y me dejé llevar como estaba acostumbrada por aquella época.

Lloré, lloré como nunca lo había hecho. La vuelta al mundo se acababa, mi vida, mis sueños tenían fecha de caducidad.

Estaba todo preparado menos la vuelta a casa. El regreso a un lugar que sentía que ya no me pertenecía, y que después de un año y unos pocos meses, sigo con ese reflujo de sentimientos.

Yo había cambiado y mucho. Miraba el mundo como lo hace un niño inocente que no sabe de las maldades de los adultos. Quizás sufrí un exceso de humildad, cariño, respeto y buen rollo durante el viaje que consiguieron romper todos los principios que me había inculcado la sociedad hasta entonces.

Por poner ejemplos…

Ese hombre con pintas de “malote”, lleno de tatuajes hasta los parpados, nos invitó a vivir su día a día en las costas neozelandesas, nos regaló una langosta a los cinco minutos de conocernos y nos dio la bienvenida a su hogar.

Nuestros amigos maorís en Nueva Zelanda

O ese otro chico desconocido que nos dejó su barco para dormir durante nuestra estancia en San Francisco.

O aquella chica que nos dejó las llaves de la puerta de su casa para que no muriésemos de pulmonía en una oleada de frio en Ushuaia.

O aquel mexicano que nos ayudó a esquivar las estafas turísticas en las playas caribeñas.

Y podría seguir mencionando las mil una veces que la gente ha tendido su mano para ayudarme, pero creo que ha quedado claro el bien que me hacía descubrir mundo.

Hasta ese momento estaba viviendo la vida que quería vivir. La vida llena de valores, construida por pilares de libertad, inocencia y enseñanza.

Quizás, mis palabras son difíciles de entender cuando no lo has experimentado. Pero decidí escribir este blog para enseñar que viajar es más que esas vacaciones en hoteles de cinco estrellas, es más que los modelitos que te pones para estar mona o mono en la foto de Instagram, en fin, es más que aparentar… (que aunque casi todo es aceptable y casi todo debemos de probar, hay que aprender que viajar es vivir en el sentido amplio de la palabra).

Explorando los tesoros del mundo descubrí que hay más verdades y puntos de vista de los que jamás imaginé. Y que actuando como mi cultura me había enseñado, al final el mundo y sus principios me daban una lección.

Nuestros amigos en Argentina

Y volví.

Volví esperanzada de que todo sería mejor. Que las cosas malas se podían convertir en buenas y que los defectos se convertirían en virtudes. Quise mostrar todo lo que había aprendido para que la gente viera que ahí fuera había un mundo lleno de posibilidades, pero me equivoqué.

Igual que la tinta del tatuaje es permanente, los comportamientos de las personas son iguales.

A pocos le importaron mis peripecias, lo que había descubierto y todo lo que había aprendido durante todo el tiempo que estuve ausente.

Mi vida había cambiado para mal. Construí una pequeña cárcel, un fuerte con muros inquebrantables.

No entendía a mi gente y mi gente tampoco me entendía.

Y todavía sigo sintiendo que vivo en otra realidad y que las convicciones y argumentos del resto son muy diferentes a las mías. Las conversaciones me parecen banales y sus preocupaciones las considero tan absurdas que en ocasiones no soy capaz de contener mi malestar.

Quizás me volví una antisocial, una fuera de lo común, una extraterrestre… Pero es que sentí tanto ahí fuera que ahora me siento enjaulada.

Jamás debí volver por nada, ni por nadie.

Lo he intentado, de veras, con mucha fuerza, pero éste no es mi lugar.

¡Feliz año 2018!

Aprovecho la ocasión para decir que Nos vamos de rutica sufrirá un cambio en 2018. Más adelante contaré de que se trata.

8 pensamientos en “Y yo no quería volver

  1. Vanesa, de BuscandoaCochet

    ‪¡Ay! Gracias la honestidad, y por ponerle palabras a “esos” sentimientos. Gracias por no maquillar algo que me aterroriza. En 2018 volveremos y no puedo dejar de pensar en ello.‬ Me da miedo, mucho miedo… y no quiero que se diluya esta sensación de felicidad y buen rollo que estamos viviendo estos casi Dos años que llevamos de viaje.

    Siento que nada volverá a ser como antes y eso me gusta y me ilusiona, pero creo que aún vivimos en la burbuja de creer que todo el mundo aprenderá con lo que hemos aprendido nosotros y el mundo, con nuestra vuelta a casa, será mejor.

    Un abrazo y nuestros mejores deseos para 2018. Que os traigan lo mejor

    1. Paula Maciá Autor de la entrada

      Hola Vanesa,
      Te pido disculpas por no haberte contestado antes, supongo que no encontraba las palabras para animarte en tu vuelta a casa. Yo por fin encontré cual fue el motivo principal de mi tristeza y ahora me siento mejor y he visto que si quiero viajar puedo seguir haciéndolo y que las limitaciones solo me las estaba poniendo yo. Espero que la vuelta a casa haya sino sana, y como he observado, se que no habéis parado desde vuestra vuelta, por lo que está muy bien para que el golpe de la vuelta no sea tan duro. Un abrazo.

  2. Dani Keral

    Contar las cosas es comenzar a buscar un cambio. Un cambio es todo lo que tu interior te diga lo que es cierto y real en tu vida. Feliz cambio y feliz 2018 😉

    1. Paula Maciá Autor de la entrada

      Ay Daniel, eres una de las pocas personas que leo que me llena mi ser (ha sonado cursi pero así es). Jejeje
      Tienes el don de la palabra y con solo una frase todo cobra sentido. Muchas gracias compi! Un abrazo

  3. Alfonso

    Está muy bien que hayáis explicado algo que no se suele tratar en los blogs de viajes, donde muchas veces se ofrece la imagen de que todo es maravilloso cuando se viaja. Y viajar es algo maravilloso, pero también tiene su parte adversa.
    Una de las cosas que más me gusta de ir a un lugar desconocido es que nadie te conoce ni te prejuzga. Puedes empezar de cero sin pasado. Al volver a casa vuelves a entrar en los compartimentos en los que te han colocado y es muy difícil salir.
    También al viajar se contacta con gente con la misma filosofía abierta. En nuestros lugares de origen también los hay, pero más dispersos y sumidos en su vida cotidiana.
    El viaje nos mantiene con todos los sentidos muy abiertos y en alerta. Es curioso como recuerdo muy nítidamente muchos detalles de mis viajes cuando los relato, incluso aunque hayan pasado meses. En cambio, me cuesta acordarme de lo que comí hace dos días.
    Espero que consigáis la manera de poder llevar una vida de viaje continuo. Y si no es así, por lo menos podáis mantener la atención y estar muy despiertos en aquéllo que en cada momento os toque vivir.

    1. Paula Maciá Autor de la entrada

      ME han encantado tus palabras Alfonso, son tan ciertas!!! Supongo que la vida son cambios y hay veces que te cuesta salir de ese bache que parece que poco a poco te lleva a la deriva. Solo se necesita tiempo… Con el tiempo encuentras donde estaba el fallo y que es lo que tenias que hacer para enmendarlo. Un abrazo y a seguir viajando.

  4. Irene

    Acabo de leerlo! Si lo hubiera leído antes, en estos días habríamos hablado! Ánimo, te marchaste y afrontaste nuevos retos y seguro que muchos miedos, ahora toca hacerlo a la inversa y dar rienda suelta a lo que aprendiste! Un fuerte abrazo y a ver si nos vemos pronto!

    1. Paula Maciá Autor de la entrada

      Hola Irene! Siento mi respuesta tardía. No encontraba las palabras para una buena respuesta. Al final solo es tiempo. El tiempo te hace ver en que te estabas equivocando, analizarlo y cambiarlo. Ahora me siento mejor y siento que tengo las riendas de mi vida y eso es maravilloso. Espero verte pronto. Un abrazo

Me encantan los comentarios! Anda, déjame uno! :)


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