Cómo subir el Volcán Rinjani en un día desde Senaru

Subid al Rinjani! Mola mucho!

Subid al Rinjani! Mola mucho!

En el artículo anterior os contaba que me sentía algo decepcionado por no haber podido ver el impresionante paisaje que esconde la caldera del volcán Rinjani en la isla Indonesia de Lombok. Pues bien, el destino me tenía guardada una segunda oportunidad desde el pueblo de Senaru, la otra gran pasarela hacia la cima del volcán.

Mapa de recorrido

Ver también articulo anterior.

Camino a Senaru

Hacia Senaru me dirigí con la intención de relajarme entre sus campos de arroz y de visitar las que al parecer son las cataratas más impresionantes de toda Lombok: Sendang Gile y Tiu Kelep.

El trayecto en moto desde la villa de Sembalun Lawang no lleva más de una hora, y además resulta de lo más tranquilo por la casi total ausencia de tráfico en esta parte de la isla.

Una vez más, con la ayuda de google maps offline, pude llegar hasta la zona de acceso a las cascadas, y como era de esperar, allí estaban esperando para cobrarme por la entrada y de paso colocarme un guía.

Aunque en un principio me negué a pagar porque me pedían mucho dinero, al final tuve que pasar por la piedra, eso sí, con una sustancial rebaja. Lo cierto es que aquellos jóvenes guías me cayeron majetes por alguna razón, y eso que su inglés era bastante pobre.

Sendang Gile y Tiu Kelep

El recorrido por las dos cascadas más grandes no era demasiado largo. Primero desciendes por unas empinadas y resbaladizas escaleras hasta un área donde hay mesas y una zona de descanso y picnic desde la que se puede ver la primera cascada. Es bastante impresionante, pero después de haber visto Iguazú aquello parecía un hilillo de agua cayendo.

Volcán Rinjani

Primera de las dos cascadas que visité.

A continuación te conducen por una senda por la que tienes que cruzar un puente y el rio un par de veces hasta la segunda cascada, que es aún mayor.

En esta última te puedes bañar y hacerte cuantas fotos quieras, aunque igualmente si no te das un chapuzón acabarás mojado, ya que el agua cae de tal manera que es como si estuviera lloviendo.

Mi guía se hacía llamar Jojo Waterfall, y aunque era difícil tener algo parecido a una conversación, al chaval no se le veía ninguna maldad. Me había dicho que su familia tenía un alojamiento o guesthouse allí cerca y que me llevaba a verlo cuando saliéramos. ¡Ok le dije! Total, no había reservado nada y tenía que ponerme a buscar algo nada más salir de allí.

A todo esto no había dicho que mi moto tenía una rueda pinchada o desinflada, no sabía muy bien, y mis nuevos amigos indonesios me ayudaron a poder arreglar todo en un taller cercano. Se portaron muy bien la verdad.

Conociendo a los Ishak
Volcán Rinjani

Con Jojo Waterfall y Mr. Ishak

Desde allí me dirigí con Jojo hasta el Blue Mountain Cottage, que estaba justo un poco más arriba de la entrada a las cascadas y muy cerca de lo que sería el “centro” de Senaru y el acceso al parque nacional.

En la misma entrada tuve la oportunidad de conocer a Mr. Ishak, el dueño, un tipo de lo más peculiar que más parecía jamaicano que indonesio con aquellos pelos. Muy amablemente me enseño las habitaciones y el humilde comedor donde se sirve el desayuno y las comidas.

Enseguida su mujer apareció con una buena taza de café de Lombok recién hecho y nos invitó a tomarlo mientras charlábamos. Tengo que decir que no era fácil la conversación y que en más de una ocasión tuve que echar mano del traductor de google, pero fue súper divertido y además me sentí muy útil enseñando algo de inglés a Jojo, que parece que llevaba poco tiempo con lo de guía.

Volcán Rinjani

Comida tradicional de Lombok

Al final decidí quedarme, y casi sin darme cuenta había llegado la hora de la cena. No había nadie más alojado esa noche, así que fui el invitado de honor.

Me senté a la mesa con Mr. Ishak, Jojo y el resto de la familia y disfruté de una cena 100% indonesia totalmente inesperada, en la que hubo hasta concierto.

Todo estaba delicioso; la verdad que se notaba que estaba hecho en casa. Y es que hasta el vino lo hacían en casa. Un vino muy particular eso sí: “vino de arroz”, que es de color amarillo y tiene un sabor bastante agrio. Me hubiera gustado saber qué graduación tenía aquello…

Por supuesto, la familia Ishak se dedicaba a organizar tours al Rinjani y claro, me lo intentaron vender. Yo insistía en que no me interesaba, que ya lo había hecho pero ellos erre que erre jajaja.

Volcán Rinjani

El postre

Seguimos hablando, y bueno, como me había quedado con tantas ganas de ver el volcán les hice la propuesta loca de subir el Rinjani aquella misma noche para ver el amanecer y bajar durante el día siguiente.

Normalmente hacen tours de 2 o 3 días, nada de subidas relámpago, pero al final, y tras mucho regatear el precio, accedí a hacerlo por 600k IDR (40 euros). Jojo sería mi acompañante y salíamos… ¡en apenas 3 horas!

Subida al volcán Rinjani

Dormí lo que pude y cuando salí mi compañero de ascensión estaba terminando de preparar la mochila. El llevaría las provisiones más el agua y yo únicamente lo que me pudiera hacer falta: ropa de abrigo, una botella de agua, el frontal, el teléfono y la cámara de fotos.

Volcán Rinjani

Tiendas en el borde del cráter.

Pasamos por el punto de control un poco más arriba y nadie me pidió nada. Jojo había ido a comprar mi pase hacia unas pocas horas porque si me lo pedían y no lo llevaba me podían poner una multa de no sé cuántos millones de rupias. El caso es que nunca tuve que mostrársela a nadie.

La senda desde Senaru es si cabe mucho más fácil de seguir que la que sube desde Sembalun Lawang, y también se puede seguir con google maps. Es cierto que a aquella hora, las 12 de la noche más o menos, todavía había gente por la calle, pero saliendo algo más tarde estoy convencido de que se podría subir por libre, ya que no hay valla ni nada por el estilo, tan solo una especie de garita.

Pronto nos internamos en el bosque y la pendiente se volvió bastante dura. Avanzábamos por una senda bien visible a la luz de nuestras linternas. Todo era silencio y nos esmerábamos en no tropezar con alguna de las innumerables raíces que se cruzaban en nuestro camino.

Volcán Rinjani

Macaco de montaña haciendo de las suyas.

Llevábamos comida para parar un tren entre arroz con pollo y verduras, snacks y galletas; y a esas horas la verdad que no había cuerpo para comerse un ”platazo” de arroz, así que fui tirando con galletas.

Aunque mi compañero no hablaba mucho resultaba reconfortante tener a alguien con quien hacer el ascenso. Caminando en la oscuridad de la selva entre murmullos de animales nocturnos y aquellas raíces y sombras grotescas producidas por nuestros frontales todo se volvía bastante tétrico y espeluznante.

Tras algunas paradas de rigor para comer algo e hidratar Jojo empezó a sentirse cansado. Bueno, demasiado cansado diría yo. La pendiente cada vez era más elevada y el pobre tenía que parar cada pocos metros a retomar el aliento y beber algo de agua.

Volcán Rinjani

Vista del volcán Rinjani desde Senaru.

Por mi parte me encontraba bien. El entreno de hacía un par de días me había venido fenomenal. Bueno, eso y las enormes ganas que tenía de alcanzar el borde de la caldera y poder ver por fin aquella espectacular panorámica ante mis ojos.

Habíamos repartido un poco el peso para que el pudiera subir más liviano pero parecía no poder recuperar, así que viendo que el tiempo se iba echando encima y que me perdería el amanecer  tomé la gran decisión: ¡seguiría en solitario!

Aventura en solitario

En una especie de campo base que hay antes de afrontar el último tramo de ascenso se quedó Jojo descansando mientras yo me lanzaba hacia la cima. La consigna era clara, había que seguir recto por la única senda que había y al llegar a la zona de campamento girar a la derecha.

Él no sabía que yo disponía del “arma definitiva”: el gps de google maps y no iba a ser fácil perderme en sus dominios jo jo jo.

Volcán Rinjani

Panorámica del norte de Lombok con las Gili y Bali al fondo.

Pronto salí de la zona de selva y sentí como una ráfaga de aire fresco reparador recorría mi cuerpo y mis pulmones. Era justo lo que necesitaba.

Delante de mi podía ver ya el borde del cráter a no demasiada distancia, y detrás las luces de Senaru y otros pueblos del norte de Lombok dibujando perfectamente el contorno de la isla. Recuerdo que sentí paz interior.

Poco después, y siendo aún noche cerrada, alcancé una zona de tiendas de campaña pero no encontraba el giro a la derecha que había mencionado Jojo. Seguí ascendiendo porque intuía que la cima estaba ya muy cerca y que, bueno, una vez llegado al borde del cráter daba un poco igual estar un poco más a la derecha que a la izquierda.

Aunque aún estaba muy oscuro, en el horizonte ya se apreciaban las luces del alba abriéndose paso. Di mi último salto hacia la gloria de la cima para descubrir que sí había que ir a la derecha  porque: ¡los arboles cubrían la visión!

Tuve que deshacer parte del camino y medio saltar entre la infinidad de tiendas de campaña que se agolpaban en cada recoveco medianamente llano pero encontré el camino bueno. Básicamente sólo hay que seguir la línea que hacen las tiendas de campaña hacia el borde de la caldera.

Tengo que decir que aquella mañana hacía bastante frío. Algunos porteadores ya se afanaban con el desayuno de sus “invitados”, y los turistas más madrugadores empezaban a asomar las cabezas con timidez.

Me conseguí un asiento de excepción más allá de la casi inexistente “valla de protección”. Visión panorámica perfecta y ni la más mínima posibilidad de que otra persona se metiera delante a “fastidiar” el espectáculo.

Al fondo veía la sombra majestuosa de la cima del Rinjani, y justo detrás a su izquierda el empuje de la luz del amanecer iba dibujando las formas del interior de aquel inmenso cráter. Parecía que esta vez sí, la ausencia de nubes me permitiría cumplir mi objetivo.

El espectáculo duró algo más de una hora mientras el sol iba abriéndose paso hasta inundar de luz todo el espacio. Quería mirar a todos lados para tratar de retener en mi retina la máxima cantidad de información posible, pues a mi espalda podía ver todo el perímetro norte de Lombok con tres pequeños puntos que formaban las Gili uno detrás de otro; y un poco más allá, al fondo, podía apreciarse el contorno difuminado de Bali. ¡Para enmarcar!

Volcán Rinjani

Posando con Mr Volcán Rinjani.

Pronto las decenas de tours desmontaron sus respectivas tiendas y continuaron su marcha. Mientras, yo decidí quedarme allí observando a un macaco de montaña expoliando los restos de un campamento cercano y por fin disfruté de la inmensidad y el silencio que me rodeaban. ¡Qué indescriptible sensación!

El bueno de Jojo ya debía estar preguntándose si había hecho cima o, por el contrario, me había despeñado por ahí, pues ya se me había ido bastante la hora a la que habíamos quedado.

Volcán Rinjani

Detalle del volcán interior.

Descenso y despedida

Tiré las últimas fotos y me lancé hacia abajo por donde mismo había venido. No tardé en cruzarme con Jojo que subía visiblemente preocupado a buscarme y me dio un buen abrazo cuando me vio bajar de una pieza. ¡Tranquilo hombre, si soy como una cabra montesa!

Desde aquí hasta Senaru nos lanzamos en un descenso frenético en el que en muchos tramos corríamos. Cuidado si lo hacéis pues tropezar con una rama es lo más fácil del mundo, ¡y os lo digo por experiencia!

Mientras bajábamos otros muchos grupos subían, y aunque se veía que algunos de ellos hacían esfuerzos por dejarlo todo limpio, la verdad es que el entorno quedaba bastante sucio por la acumulación de colillas, botellas, papeles y envoltorios. Una verdadera pena.

Volcán Rinjani

Caldera del volcán Rinjani

Cuando me crucé con Mr. Ishak una vez abajo tuve que contarle lo sucedido la noche anterior con Jojo. El hombre entendió todo perfectamente y me ofreció un descuento, el cual acepté de buen grado.

Pasé allí una noche más disfrutando la comida de Lombok y la compañía de aquella humilde familia que desde el primer minuto me trató tan bien y que siempre me inspiró una confianza casi familiar.

Ya por la mañana una botella recién preparada de vino de arroz me estaba esperando para llevar. Pero me llevaba no sólo eso, también innumerables e imborrables recuerdos y la satisfacción de haber cumplido un sueño que parecía que debía dejar pasar.

Lombok siempre en mi corazón.

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Islas Gili30 días en Indonesia: resumen e impresiones

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Qué ver en Kuta (Bali)

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