Anécdota viajera de camino a Machu Picchu


Viajar es sumarle anécdotas a la vida. El simple hecho de lanzarte a la aventura es ya una historia que contar.

Tengo almacenada en mi memoria más de mil y un relatos, pero hoy os contaré la travesía desde Cusco a Aguas Calientes.

Una de las maravillas del mundo se encuentra en la selva de Perú, a más de 2400 metros una ciudad inca (la más conocida), deja sin aliento a todo aquel que la visita.

Hay varias maneras de llegar a Machu Picchu, nosotros elegimos la económica. Desde Cusco salen todos los días minivans que recorren durante mas de siete horas escarpadas montañas, selva y paisajes de novelas.

Os confesaré que me gustó más lo que vi durante el trayecto que el propio Machu Picchu, pero eso es otra historia.

La anécdota en sí fue sobrevivir siete horas en una pequeña furgoneta sentada en un asiento minúsculo sin cinturón, recorriendo carreteras de alta montaña donde en ocasiones teníamos que atravesar ríos que se formaban del deshielo. Carreteras serpenteantes sin quitamiedos y con un asfalto agrietado y lleno de socavones.

Si eso fuera poco, el conductor se creía Carlos Sainz en la selva y además, era fan de la música típica de la zona, la cumbia, y la reproducía en su radiocasete a unos decibelios que rozaban la locura.

Después de semejante meneo, no apto para todos los públicos, llegamos a la estación de hidroeléctrica de Santa Teresa. Allí, tras comer un bocadillo, caminamos por las vías del tren hasta llegar a Aguas Calientes. Pueblo base para subir a Machu Picchu en el que solo se puede llegar andando o en tren desde Cusco.

Pensábamos que lo peor ya había pasado. Superar esas largas horas en aquella camioneta era el plato fuerte de este relato, pero nada más lejos de la realidad.

El camino por las vías nos guardaba dos sorpresas. Ya os avanzo que ambas fueron imprudencias nuestras y que se podían haber evitado. Pero bueno, es parte del viaje y a veces cometes errores.

El camino por las vías se componía de tramos en los que había un pequeño sendero y en otras en las que sí o sí tenías que andar por las vías. Pues la primera hazaña fue cruzar un puente por la vía del tren. El puente era corto y desde fuera se veía factible y fácil de pasar.

Imaginaros cruzar un rio de aguas bravas saltando tablones de madera. Al principio los tablones estaban cerca unos de otros, pero cuando llegamos a la mitad del puente, los tablones estaban alejados y había que pegar pequeños brincos para llegar.

Si ya había tensión imaginaros saltando los tablones en el lateral de la vía, sin sujeción alguna y a su vez, al mismo tiempo que tú, saltando una persona con poco equilibrio en la parte central del tablón. Cada vez que saltábamos aquello se ponía a temblar.

Debajo de mis pies veía un rio bravo y en mi mente rezaba que en ese momento no pasara el tren. Hubo un momento que tuve que pedir ayuda porque me temblaban las piernas y me veía río abajo.

Una vez superada esta etapa nos quedaba un tranquilo paseo hasta llegar a Aguas Calientes, si no fuese porque no nos dimos cuenta de la salida (un pequeño sendero para llegar al pueblo) y nos tocara cruzar un túnel.

¿Y cómo era el túnel? Oscuro y de unos trescientos metros. Apenas se veía con la luz del exterior.

Y como buena ley de Murphy, vino.

Sí, sí! El tren vino.

Aun se me ponen los pelos de punta cuando lo recuerdo. Habíamos unas quince personas en ese tramo. Yo recuerdo la gente gritar que viene el tren y la bocina de fondo. Me giré y corrí como nunca había corrido. Corrí levantando las rodillas porque si no lo hacía tenía riesgo de tropezar con un tablón y caerme.

Recé, recé mucho para que ninguno de los presentes nos pillará el tren. Recuerdo salir del túnel, girarme y ver como el tren salía.

Lo conseguí y confieso que rompí a llorar de la adrenalina.

Anecdota Machu Picchu

Tan solo unos segundos me salvaron de aquella catástrofe.

Doy gracias a que el tren no fuera deprisa y empezara a pitar desde lejos, sino nos hubiera pillado dentro del túnel.

Este viaje fue una autentica aventura y si me preguntasen a día de hoy, volvería a hacerlo de la misma manera. Eso sí, pasando el puente por la pasarela y saliendo del camino antes de llegar al túnel.

El paisaje que pude contemplar, no hay tren cómodo que lo pague.

2 pensamientos en “Anécdota viajera de camino a Machu Picchu

  1. Alfonso

    ¡Hola Paula! Me has hecho rememorar el mismo viaje (aunque un poco menos accidentado) Muy bien narrado. Tu foto con cara de susto al salir del túnel no tiene precio ; ) Recuerdo que hubo gente que lo pasó mal en la furgoneta, por miedo a caer por los barrancos, pero para mí lo peor fue la cumbia non-stop. Un abrazo

    1. Paula Maciá Autor de la entrada

      Hola Alfonso! Gracias por tu comentario! Claramente lo peor es la cumbia non-stop!!! Jajaja La verdad que la experiencia fue inolvidable a pesar de los inconvenientes. Un abrazo y espero que estés bien!

Me encantan los comentarios! Anda, déjame uno! :)

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