Nos Vamos de Rutica

COHERENCIA: quizá la acción más sostenible

Quizá la acción más sostenible sea la coherencia.

coherencia

Llevamos años envueltos en la vorágine del reciclaje, la sostenibilidad y el uso responsable de los recursos. Años intentando convertirnos en versiones más conscientes de nosotros mismos, más responsables, más “verdes”. Y, sin embargo, algo no encaja.

A estas alturas, entre campañas de marketing, discursos vacíos, greenwashing, pinkwashing y todas las etiquetas que las empresas utilizan para desgravar culpas mientras venden “el bien”, me pregunto dónde hemos dejado la ética, la moral y, sobre todo, la coherencia. También me pregunto dónde está el límite.

Vivimos rodeados de mensajes que nos recuerdan constantemente que debemos cuidar el planeta. Pero ¿por qué hemos llegado al punto de necesitar que nos lo recuerden? ¿Por qué somos tan incívicos con aquello que nos dio la vida y seguirá sosteniendo la de nuestros hijos y nietos?

Jugamos a la sensibilización mientras normalizamos la barbarie: miles de plásticos flotando en los mares, campañas desproporcionadas de ropa que fomentan la compra impulsiva, consumo rápido, deseo inmediato y producción infinita. El dinero genera dinero, el consumo mueve la economía, pero no sostiene el planeta. Y eso lo sabemos todos.

Entonces, ¿por qué seguimos trasladando toda la responsabilidad a la sociedad mientras el propio sistema se niega a sostener aquello de lo que depende? Nos hemos acostumbrado a vivir anestesiados, indulgentes y caprichosos, aceptando una hipocresía disfrazada de compromiso.

Me desgarran los ojos ante tanta blasfemia ecológica convertida en campaña publicitaria. Tanto mensaje amplificado por enormes altavoces mientras, al mismo tiempo, siguen muriendo quienes más dependen de aquello que nos fue regalado: la tierra, el agua, el equilibrio.

Quizá —y solo quizá— acabemos destruyéndolo todo porque estamos predestinados a consumir incluso aquello que nos mantiene vivos.

Y aun así, seguimos sin entender lo esencial: COHERENCIA.

Debería escribirse siempre en mayúsculas. Debería tatuarse en la piel, imprimirse en las camisetas y convertirse en el verdadero eslogan. Porque quizá la sostenibilidad no empieza reciclando; quizá empieza cuando dejamos de mentirnos.

Me encantan los comentarios! Anda, déjame uno! :)


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